Por: Dr. Carlos
Pérez Hoy una inmensa
desolación se ha alojado en mi sensibilidad desde el momento que me enteré, que
fue dictado un año de prisión, como medida de coerción, a los ocho implicados
en un supuesto robo millonario en la Dirección de Adunas, en la terminal aérea
de Santiago; pero la melancolía se debió, a que en ese paquete, para decirlo de
una manera, se encontraba, un hombre honesto, mártir de la delincuencia que
opera en los estamentos, tanto de la administración pública como en la privada.
Ahí se encontraba, en el lugar equivocado y en el tiempo desafortunado, el buen
Benito Henríquez Tejada, cuya honestidad para los moradores de Moca, ha sido
puesta a prueba por décadas y nunca ha sido profanada; un ser humano
excepcional, esposo íntegro, padre abnegado y amigo leal. Siempre procediendo
en un bajo perfil, con humildad y sin estridencia. Benito es considerado además
por quienes les conocen, como un ser insobornable, cuya honestidad ha
trascendido los límites convencionales de una sociedad aldeana. El magistrado Luis
Nóbel, del Tribunal de Atención Permanente, se llevó entre las patas, los
atributos que adornan la honorabilidad de la familia Henríquez, y con ella su
sosiego. Observé con detenimiento los videos presentados como pruebas por el
Ministerio Público, y en ningunos de ellos aparece la presencia del distinguido
Benito Henríquez Tejada; es cierto e incuestionable que en las imágenes de una
cámara oculta en Aduanas se observan la repartición del dinero que traía como
mula Rosairy Mercedes Quezada; pero reitero que el señor Henríquez Tejada, no
estaba ahí; lo repito de nuevo no estaba ahí… Es evidente que Benito Henríquez
Tejada, ha sido víctima de una componenda de malhechores que siempre ha operado
en la Dirección de Adunas.
Los abogados de Benito Henríquez Tejada, deben
solicitar a la mayor brevedad posible, al magistrado Luis Nóbel, del Tribunal
de Atención Permanente, la revisión de este caso, y éste tomar una decisión en
armonía, con las sabias palabras del filosofo chino Confucio cuando decía:
“Conocer lo que es justo y no practicarlo es una cobardía”
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